No hay mejor vida que una buena vida, siempre decía Oma.
Y sabía disfrutar esos momentos que le inspiraban a decir esas palabras. Las bromas, las comidas prepararlas y también saborearlas, el trabajo de cada día, los problemas y las soluciones.
Una persona que vivió y sobrevivió la crisis de los años treinta,
La ocupación nazi,
Los finales del conflicto por la independencia de Indonesia,
Los muchos gobiernos militares, trastornos políticos y económicos de los últimos 56 años de la historia argentina…
Es entonces un talento especial el que se necesita para disfrutar de la vida y entremedio de todo eso criar seis hijos y acompañar a no sé cuántos nietos y bisnietos en sus bautismos, cumpleaños, casamientos, alegrías y pérdidas.
Y cuando digo acompañar, todos los aquí presentes lo pueden confirmar, digo estar ahí con toda la presencia, preparar comida, postres, tortas, elegir regalos, enviar tarjetas, contribuir con dinero, bromas, capacidad y ganas de organizar.
Los que estamos en Holanda no estamos físicamente con ustedes en esta ceremonia.
Sin embargo, mañana domingo estaremos presentes en una ceremonia en la que Oma será recordada en la iglesia donde fue bautizada, donde conoció a su marido, donde se casó, y a donde siempre volvió cuantas veces estuvo aquí, y a donde seguramente vendrá de pasada a saludarnos, camino al cielo.
No hay mejor vida que una buena vida.
Muchos de los aquí presentes son el producto de esa existencia, de la vida de Oma.
Esta ceremonia es parte de esa vida, por la que damos gracias.
Nada más.
Carolina Maria Nieuwenhuizen – de Jager
Hilversum, 4 sept 1920 – Buenos Aires, 15 feb 2008
Unas brevísimas palabras desde Holanda. – Por Jan de Jager

